UN CLIENTE EN APUROS
Evelio estaba contento, su agencia de detectives gozaba cada vez de mayor prestigio, la incorporación como socio de su sobrino Juan, había sido merecida, había trabajado duro, era inteligente y tenía un trato fácil con la gente. Los clientes crecían, la mayoría eran personas con problemas que se resolvían fácilmente y había una parte de clientela selecta, unos cuantos clientes fijos muy importantes con dinero y poder que pagaban una cuota mensual por una atención disponible a cualquier día y hora.
No le extrañó que uno de sus mejores clientes requiriera sus servicios con la máxima discreción y que ello los llevara, a su sobrino y a él, a situaciones insospechadas.
